Mangas de mi vida
Desde que tengo memoria, la animación japonesa se incrustó en mi corazón. Mucho antes de entender conceptos como narrativa visual o construcción de mundos, ya estaba ahí, acompañándome. Con el tiempo descubrí el manga —el cómic japonés— y entendí algo importante: muchas de las historias que amé desde mi infancia nacieron primero en esas páginas en blanco y negro.
El origen del manga se remonta al cruce entre el arte gráfico tradicional japonés, como los pergaminos Chōjū-giga del siglo XII, y la historieta satírica occidental introducida en Japón durante el siglo XIX. El término manga fue acuñado por Katsushika Hokusai en 1814 para describir sus “dibujos caprichosos”. Sin embargo, el formato moderno que conocemos hoy tomó verdadera fuerza después de la Segunda Guerra Mundial, especialmente gracias a Osamu Tezuka en la década de 1940, quien incorporó técnicas cinematográficas que transformaron la forma de contar historias.
Durante mi adolescencia, internet fue mi gran aliado. En un país donde la venta de manga no era popular ni accesible, la red se convirtió en una biblioteca infinita. Buscaba historias que me movieran emociones, que me hicieran sentir algo —lo que fuera—, y leí muchos títulos que hoy ya no recuerdo con claridad. Aun así, hubo algunos que se quedaron grabados.
Soy lectora de BL (Boys Love, antiguamente llamado yaoi), romance tradicional igual y entre mis primeras lecturas de manga recuerdo títulos como:
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Inu mo Arukeba
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Haru wo Daite Ita
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Sakura Card Captor
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Shaman King
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Hellsing
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Ai Hime – Ai to Himegoto
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Ane no Kekkon
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Bokura no Himitsu
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Daylight
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Faster Than Kiss
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Hana ni Kamitsuku
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Kaikan Phrase
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Kimi ga Tonari ni Iru Nante – Ishizawa Umi
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Given
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Yubisaki to Renren
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Fruits Basket
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Caballeros del Zodiaco: The Lost Canvas y sus Gaiden
Entre muchos otros que leí completamente online.
En la escuela, gracias a una compañera de clase que me recomendaba mangas y animes, viví un momento especial: me vendió dos tomos de Fruits Basket en inglés. Me costó leerlos, sí, pero los amé profundamente porque, por primera vez, tenía manga físico en mis manos. Era real. Era mío.
Años después, la vida cambió. Migré y esos mangas se quedaron en Venezuela. Al llegar a Chile no fue fácil, y durante mucho tiempo no pude permitirme ese tipo de gustos. No fue sino hasta 2021 que logré volver a comprar manga, esta vez en tomos únicos, porque mover grandes colecciones no encajaba con el momento de mi vida.
Algunos de los mangas físicos que leí en esta etapa fueron:
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El jardín de las palabras
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You Are in the Blue Summer
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Mi vecino metalero
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Historias de amor – Io Sakisaka (siete relatos cortos)
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Jujutsu Kaisen 0
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Los dioses mienten
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En un rincón del cielo nocturno
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Me dijiste para siempre (siete relatos de amores no correspondidos)
Y, solo por entretenimiento —sin una trama que remueva emociones profundas—, Los deseos obsesivos de mi chico. Hubo más, claro, pero no todos viven ya en mi memoria. Curiosamente, recuerdo más animes que mangas.
Hoy en día, aunque hay muchos mangas que aún quisiera leer, ya no son mi foco principal. Estoy profundamente sumergida en la lectura tradicional, y es algo que me apasiona incluso más que el manga o el anime. Aun así, siempre vuelvo de vez en cuando, dependiendo de lo que me llame la atención en ese momento.
Con el tiempo, mis gustos también cambiaron. Ya no suelo leer mangas de colegiales, a menos que pertenezcan a un género smut con un impacto emocional o psicológico real. Lo mismo ocurre con el anime. Crecer también implica aprender qué historias queremos dejar entrar.
Aunque a veces se subestime, el manga puede reflejar historias profundamente complejas, tan intensas y humanas como cualquier novela. O simplemente puede entretener, acompañar y hacernos pasar un buen rato. Hay de todo, para todos.
Y ahora quiero saber de ti, ¿Qué mangas marcaron tu vida? ¿Cuáles estás leyendo ahora mismo? ¿Y cuáles esperan, pacientes, en tu lista de “algún día”?
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